CIENCIA Y MISTERIO |
| El área de la cuenca del río Pinturas, afluente de la margen sur del Deseado, en el noroeste de la Provincia de Santa Cruz, posee tres importantes sitios arqueológicos con pinturas rupestres: la Cueva de las Manos, el Alero Charcamata y la Cueva Grande o de Altamirano. La cueva de las manos se halla ubicada en un paraje que recibe la designación de Estancia Alto Río Pinturas, dentro del profundo cañadón que constituye su cauce. Los otros dos sitios están ubicados respectivamente en el arroyo Charcamata y en un pequeño cañadón lateral del arroyo Feo, ambos tributarios del río Pinturas. Ultimamente se han hallado, dentro de la misma zona, otros importantes sitios con arte rupestres denominado Alero Cárdenas, cuya excavación recientemente efectuada se halla aún en estudio. Debe destacarse que en el área existe gran cantidad de pequeños abrigos con pinturas, casi exclusivamente con negativos de manos (Aleros del Buho, la Vizcaina, Don Alfonso, Los Almendra, la Madrugada, el Cármen, por mencionar los más conocidos). La zona de río Pinturas fué estudiada por primera vez por Alberto Rex González en 1949 y luego le siguieron varios autores hasta la actualidad. Se ha podido efectuar un amplio relevamiento de las expresiones rupestres, en base a una copiosa documentación fotográfica y a calcos o reproducciones ejecutados mediante la utilización de materiales transparentes y diapositivas cuya captación de los más mínimos detalles pareciera ireemplazable. Estos elementos han contribuido a realizar un inventario de los motivos, su correspondiente clasificación y finálmente el análisis estilístico de los mismos. El arte rupestre estudiado en el río Pinturas se localiza en tres tipos de abrigos naturales: Cuevas, Aleros y Paredones. El sitio denominado Cueva de las Manos, sin duda el más conocido de todos está constituido por la cueva propiamente dicha, por los paredones laterales de la entrada y por dos extensos aleros o salientes rocosas, todos ellos con superficies más o menos lisas que han sido utilizadas para la ejecución de las pinturas. Los espacios pintados abarcan aproximadamente 60 metros, distribuidos en unos 200 metros de frente. La Cueva de las Manos, lo mismo que la Cueva Grande, tiene una profundidad de 20 metros, con una entrada de alrededor de 15 metros de ancho y alto. Su orientación se aproxima al NE. El alero Charcamata es tal vez el más grande que se conoce en la zona. Su techo o visera se proyecta casi 60 metros desde el pié del paredón a lo largo de un frente de más de 100 metros, cerca del cual circula un pequeño arroyo de agua permanente originado en una vertiente próxima. En general, las pinturas están distribuidas en el espacio comprendido entre el nivel del piso y los tres metros de altura, pero en las cuevas se han aprovechado también algunas zonas bajas del techo, en especial hacia el fondo donde su altura es relativamente escasa. El cauce del río Pinturas tiene una altitud de unos 240 msnm. Los farallones que lo delimitan se elevan casi otro tanto hasta alcanzar la planicie general que los circunda. La posición de las pinturas respecto del curso de agua más próximo en cambio, varía considerablemente en cada caso. Así como por ejemplo el grupo que integra la Cueva de las Manos se halla en el faldeo del cañadón a 88 metros sobre el nivel del río Pinturas; el Alero Charcamata se encuentra practicamente al nivel del arroyo homónimo, en tanto que la Cueva Grande está a 10 metros sobre el cauce del cañadón Quesada, afluente del arroyo Feo. En los dos últimos casos, por tratarse de cañadones tributarios, se hallan a considerable altura con respecto al pinturas; más de 50 metros en el primero y posiblemente por encima de los 200 en el segundo. La Cueva de las Manos fué ocupada por grupos cazadores desde fines del octavo milenio A.C., es decir, desde el Oloceno Temprano o Inmediato Pos-glaciar . Estilos: Los abigarrados conjuntos de manifestaciones rupestres del área del río Pinturas fueron reunidos en tres grupos estilísticos designados con las letras A, B, y C, de acuerdo con sus afinidades técnicas, morfológicas y temáticas. Dichos grupos, ordenados de acuerdo con las superposiciones de los motivos, permiten reconstruir en parte el más antiguo proceso artístico de los habitantes de aquella zona entre los que se incluyen a los Tehuelches, el grupo primitivo de la Patagonia. El grupo estilístico A fué documentado hasta hace poco tiempo exclusivamente en la Cueva de las Manos. Sin embargo en el alero Cárdenas, a unos 30 km de la mencionada cueva, se pudo localizar una pintura aislada de similares características. Se considera como un nivel cultural de la Primer Epoca comprendida entre 7370 años A.C. hasta 5470 años A.C. Este grupo artístico alcanzó un virtuosismo que lo ubica entre los más importantes testimonios de la vida prehistórica patagónica. Se caracteriza fundamentalmente por la presencia de escenas de caza dinámicas y anecdóticas, en las que la vinculación entre el cazador y la presa a sido representada con simplicidad pero con fiel naturalismo. En ella se describe la persecución individual pero también el rodeo o atajo grupal, en algunos casos constituidos por 10 o 12 cazadores que persiguen aproximadamente a 40 guanacos. Una de esas escenas finaliza en un cerco de cazadores que rodea a un animal apresado. En otra escena se ha pintado una manada sorprendida en un cañón que se halla representado con una figura o irregularidad de la roca, pués los animales se desbandan hacia la izquierda y derecha del observador, mientras que un grupo de cazadores la atacan con proyectiles dibujados mediante un trazo rectilíneo corto con el extremo abultado. Los animales han sido representados en muchos casos con la elasticidad que es propia de los movimientos del guanaco. Saltos, carreras y hasta expresión de esfuerzo no están ausentes en ellos, como si en su desesperación quisieran escapar a los certeros tiros de bolas perdidas, esferoide de piedra unido a un cordel, con manija en forma de cruz en el extremo proximal, que desde algún lugar oculto le arroja el cazador. Las figuras humanas han sido dibujadas siempre proporcionalmente más pequeñas que las de los guanacos. Se hallan representadas de perfil, con los brazos abiertos, con un solo brazo o sin ellos, corriendo con las piernas abiertas en actitud veloz, cuando se hallan tras la presa. Pero cuando ocupan su lugar en el cerco, alrededor de un lugar apresado, han sido representados de frente y en la cabeza tienen dibujadas pequeñas prolongaciones como si fueran adornos de plumas. La utilización de diferentes colores en la ejecución de las escenas ha permitido establecer que las mismas se hallan siempre asociadas a negativos de manos realizados a escasa distancia, en el mismo tono. Los colores utilizados son el negro, el ocre amarillo de diversas tonalidades, el rojo claro y el violáceo, tal vez aplicados en el orden indicado. Las escenas documentadas en este grupo estilístico han sido generalmente ejecutadas en los paredones externos de la Cueva de las Manos, o en la visera de los aleros próximos, en lugares luminosos y despejados y muy raramente en el interior de la cueva, abarcando espacios relativamente grandes. Sin duda con posteridad a las escenas de caza se desarrolla el grupo estilístico B, ya que las primeras siempre se hallan en la serie inferior de las superposiciones, no estando ejecutadas nunca sobre otros motivos. Este grupo está presente en los tres sitios más importantes del río Pinturas: Cueva de las Manos, Alero Charcamata y Cueva Grande. Se considera de la Segunda Epoca comprendida entre 5430 años A.C. hasta 1430 años A.C. Se halla integrado principalmente por guanacos y manos. La figura humana y - aún cuando puede estar presente - pierde su dinamismo y el estrecho vínculo anecdótico con los guanacos. A sido dibujada de frente y estilizada mediante la prolongación del tronco. Presenta prolongaciones en la cabeza, las piernas cortas, un solo brazo y un abultamiento en el hombro opuesto. En ciertos casos se hallan agrupadas en hileras horizontales o son bicolores: Mitad del cuerpo roja y otra blanca. Las manos son especialmente frecuentes y tienden a concentrarse en conjuntos numerosos. Los guanacos también son numerosos, tanto aislados como en grupo. Es evidente en los guanacos la pérdida del dinamismo, reemplazado por una actitud más bien plácida o estática. Caracteriza la silueta de estos animales un asentuado abultamiento del vientre, en especial su parte delantera, la cola suavemente arqueada, las extremidades son anchas hacia la altura del cuerpo, adelgazándose cerca de la vasadura, que casi siempre aparece hendida o bipartida. El cuello es bastante largo y concluye en una cabeza pequeña con representación de las orejas. En la cueva de las manos, cerca de la entrada encontramos hileras de guanacos negros y violáceos, algunos muy grandes, de 98 cm de largo. Son notables por su placidez y sus líneas armoniosas. Particularmente interesante resultan las figuras que representan al animal con su cría. No hay vínculo anecdótico entre ellos pero la desproporción de tamaño es significativa. Por ejemplo, el caso de un ñandú del Charcamata que aparece junto a sus tres charitos o crías; el de la Cueva Grande donde la madre ha sido dibujada con el cuello doblado y mirando hacia un pequeño guanaco. Otro caso interesante del Charcamata es el de la representación de dos guanacos con las patas traseras abiertas y mirando hacia trás que, según los baqueanos de la zona, es la actitud que estos animales adoptan en el momento de parir. Los conjuntos de guanacos o manadas están representados por dos extraordinarios ejemplos: en la Cueva Grande un conjunto de guanacos negros (90 en total) ocupa un nicho del paredón izquierdo cerca del fondo de la cueva. Agrupados simetricamente a partir de dos guanacos que se enfretan en la parte superior parecieran disparar hacia la salida de la cueva. El otro conjunto se halla en el alero Charcamata y es de color blanco. Se distribuye en lo alto de una cornisa del paredón, en hileras irregulares que abarcan un espacio aproximadamente semicircular. Casi todos los animales presentan el pescuezo hacia abajo como si estuvieran comiendo. Los colores utilizados para la ejecución de los motivos hasta aquí mencionados abarcan los siguientes tonos: Negro, rojo violáceo, amarillo, blanco, violáceo y muy raramente verde. Es muy probable que se hayan aplicado diversos colores al mismo tiempo, como lo sugiere la presencia de motivos bicolor. La abundancia de las pinturas y la amplitud del espacio ocupado por ellas sugieren, por lo demás, un prolongado período de ejecución. El grupo estilístico B comprende asimismo diversas figuras abstractas ejecutadas en color rojo, violáceo y blanco: círculos, óvalos, espirales, círculos radiados, conjunto de puntos contorneados o inscriptos por un trazo curvo, o con prolongaciones; series de figuras estrelladas vinculadas a trazos rectilíneos o septentiformes y trazos curvos paralelos. Por último, se adscribe a este mismo grupo, aunque con la salvedad de que podrían constituir un subgrupo independiente (subgrupo B1), tal vez más moderno, una serie de figuras biomorfas, con primordial utilización del color violáceo, pero también el negro y el amarillo. Algunas de ellas, a las que se han denominado matuastos, por recordar a los lagartos de la meseta, cuando se los observa en el suelo, tienen una larga cola, como es el caso de los motivos del Charcamata de color amarillo; otras , una serie de puntos (Cueva de las Manos) color violáceo. La figura antropomorfa es esquematizada, con brazos y piernas abiertas, rectos o arqueados. El cuerpo ha sido representado de frente, con pintura plana y presenta una pequeña cabeza. Incluye el subgrupo además, numerosos negativos de manos, siluetas de piés, motivos tripartitos o tridígitos o círculos de puntos adosados a la periferia o roseta, que podrían vincularse a la representación de rastros de aves y felinos. Es posible que asimismo deba incluirse en el la silueta de muchos cuadrúpedos que por su esquematismo podríamos llamar aberrante: cuerpo oval, extremidades rígidas y cabezas indiferenciadas. La Cueva Grande del arroyo Feo, presenta una serie de conjuntos de diversos colores (negro, rojo y blanco especialmente) correspondientes al grupo estilístico B1 que han podido ser reunidos diacrónicamente en base a las superposiciones constatadas y a los vestigios de pigmentos recuperados en capas. Sin duda permitirán dividir el subgrupo en por lo menos tres variedades estilísticas, donde el color negro sería el más antiguo y el blanco el más reciente. El grupo C, o más reciente de las pinturas, comprende relativamente pocos motivos y solo los encontramos en la Cueva de las Manos. Se identifica por su superposición a los restantes grupos y también por la utilización del color rojo intenso. Se considera un grupo perteneciente a la Tercera Epoca comprendida entre 1430 años A.C. y 1000 años A.C. Las manos negativas blancas que forman parte del grupo en algunos casos han sido ejecutadas sobre una superficie previamente pintada de rojo, resultando por lo tanto, un motivo bicolor. La figura humana tiene tratamiento lineal, es más bien grande, y las manos pueden estar dibujadas por tres o cuatro trazos rectos convergentes. Ciertos motivos geométricos como los largos zig-zag, los triángulos opuestos por el vértice, las siluetas de manos y unos pocos cuadrúpedos, también lineales parecieran ser las postreras manifestaciones artísticas de los antiguos cazadores que vivieron en las cuevas de las manos. Material extaido de: Gradin, Carlos J. 1982. El arte rupestre de los antiguos cazadores prehistóricos del río pinturas. Revista Patagónica. 9: (36-42).
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